Navegar hacia uno mismo: identidad y Libertad en el “Cuento de la isla desconocida” de Ángel Santiago Guzmán

En El cuento de la isla desconocida, José Saramago construye un relato que se ofrece a ser analizado  e interpretado de múltiples formas. Saramago logra edificar, a partir de una trama  aparentemente sencilla y cautivadora, una historia capaz de inducir una intensa reflexión  sobre los significados presentes en cada párrafo, característicamente empapado en metáfora  y simbolismo.  

En mi opinión, a lo largo de la historia podemos contemplar hechos y acciones simples que, en realidad, solo cubren superficialmente el reflejo de actos profundamente humanos,  articulados a través de dos ejes fundamentales: el primero, y más evidente, es la búsqueda de la identidad. Durante todo el relato, el anhelo y la motivación por encontrar la isla desconocida  se hacen evidentes en el comportamiento del protagonista, que detona el desarrollo de la historia. Los acontecimientos, de manera metafórica, revelan una ferviente búsqueda de sí mismo, lo que nos conduce al segundo eje: la construcción y ejercicio de su libertad. Todas  las acciones que el protagonista lleva a cabo se ven impulsadas por el deseo y la autodeterminación hacia un objetivo claro. En la obra, ambas temáticas, lejos de presentarse como procesos separados, son tejidas de manera uniforme y bilateral, pues se va mostrando cómo el proceso de construcción auténtico de la libertad sólo puede surgir de un acto consciente de autoconocimiento y, asimismo, la búsqueda de la identidad humana es un  proceso que no se puede definir como un descubrimiento pasivo del todo, pues muchas veces  requiere de una acción deliberada que derive en la conquista parcial de la identidad. 

Desde el inicio del relato, el protagonista es alguien cuya identidad no está definida, pues no  se establece su nombre, su oficio o descripción física alguna, incluso su deseo parece incomprensible para quienes lo escuchan. Puede ser que Saramago decidiera no indagar en  las banalidades personales de este sujeto porque sencillamente no sería relevante saber cuán viejo o joven, o flaco o gordo era; o, por el contrario, fue un acto voluntario que simboliza la  ausencia de su identidad.  

Posteriormente, vemos el primer uso de su libertad: un primer gesto de autodeterminación  que lo lleva a pedir un barco, a nombrar su deseo y darse permiso de querer algo distinto a la  rutina bajo el ejercicio de su libertad. El primer indicio de su identidad se asoma cuando el  rey cuestiona y retrasa la solicitud, el protagonista podría abandonar su propósito para evitar  el ridículo, pero insiste. Su perseverancia puede dejarnos ver el verdadero significado de la  búsqueda, pues va más allá de lo geográfico; es tan importante para el que se propone obtener lo que desea incluso si eso implica desafiar al sistema burocrático que se le opone. En este punto, el cuento sugiere que la identidad comienza a delinearse cuando el protagonista se adhiere a su voluntad y a su deseo, incluso cuando estos entran en conflicto con lo establecido. Oponerse a su entorno no es un acto meramente caprichoso, sino una condición que parece necesaria para el autoconocimiento, pues solo al distanciarse de las expectativas y normas que lo rodean puede comenzar a reconocerse como un sujeto con una identidad propia. Sin esta oposición a su contexto, el protagonista no habría podido comenzar a descubrir quién es.

El barco que finalmente recibe es un elemento central de la historia. Considero que el barco en sí puede representar el proyecto personal que nos lleva en la búsqueda de identidad, es el espacio o proceso en donde la identidad puede redefinirse. Y la metáfora funciona muy bien, porque este artefacto no es algo inmediato ni perfecto: requiere ajustes, trabajo, mantenimiento, intuición y tiempo. Así como el barco debe ser preparado para navegar, el  protagonista debe prepararse para ser él mismo. Ambos, barco y hombre, se construyen mientras avanzan a un lugar que no conocen. Y el protagonista está consciente de ello, lo  refleja durante su conversación con el capitán del puerto: 

“El capitán vino, leyó la tarjeta, miró al hombre de arriba abajo y le hizo la pregunta  que al rey no se le había ocurrido, Sabes navegar, tienes carnet de navegación, a lo que el hombre respondió, Aprenderé en el mar.” 

Aquí, el protagonista refleja una inmensa comprensión del proceso, pues no espera estar listo o saber todo de la noche a la mañana, sabe que deberá adquirir conocimiento durante la navegación y no por el hecho de no saber navegar se priva de hacerlo. Objetivamente, si  tomáramos el sentido literal de la situación, sería algo ilógico zarpar sin saber navegar. Sin  embargo, como metáfora encaja adecuadamente en el saber que la búsqueda de identidad es  un proceso de constante aprendizaje y no existe tal como autoconocerse espontáneamente: la identidad es una construcción y destrucción progresiva que finalmente lleva a un  entendimiento humano de nosotros mismos después de haber experimentado con nuestra  libertad.  

El barco también cumple otra función simbólica: obligar al protagonista a salir de su zona de  confort. Para construir la libertad es necesario salir de la rutina. Saramago muestra un aspecto  muy importante del proceso de búsqueda: los nuevos aspectos de la identidad no se revelan  en un contexto de estabilidad absoluta, sino en el movimiento, la oscilación y el cambio que  impulsa a descubrir facetas nuevas de uno mismo. 

En medio de este proceso aparece la mujer de la limpieza. Ella es un personaje que también  deja atrás un rol predeterminado y se atreve al cambio. Y, además, no solo representa un apoyo práctico para el protagonista, creo que Saramago intenta dar a entender que, a pesar  de que la “búsqueda de la isla” es algo totalmente personal, la identidad no se completa en la  individualidad. La mujer, al decidir unirse al viaje, le ofrece al protagonista una vista distinta  de sí mismo, pues en la compañía de otros comenzamos a comprender partes de la identidad que la sola introspección no nos habría revelado. Así, el autor refleja que la identidad también  se define por cómo nos relacionamos con los demás.  

A medida que avanza la historia se vuelve claro que la isla desconocida no es un lugar  geográfico. La isla no aparece en un mapa porque es en realidad un símbolo, representa el yo posible, el que el protagonista aún no es, pero, mediante la navegación y autoexploración,  puede llegar a ser. Además, Saramago deja claro que la isla no es algo definido, sino que el  protagonista la construye mientras se descubre a sí mismo, es decir, la isla existe en la medida  que alguien decide buscarla.  

Otro aspecto interesante es la insistencia del protagonista en encontrar la isla. Su intento parece  a veces incluso desesperado y creo que se puede relacionar con un rechazo frontal a la  resignación. Por ejemplo, por el escaso asomo que Saramago nos da a la sociedad y el castillo podemos ver que todos parecen conformarse con la repetición, todos aceptan la rutina sin  cuestionamientos. El protagonista, en cambio, rompe con esa colectividad y parece rehusarse a pertenecer a ella. Esto nos muestra que un gran obstáculo para la libertad e identidad no siempre es la imposibilidad externa, sino la renuncia voluntaria y la aceptación. El  protagonista lucha por salir de esa monotonía y hace el intento activo por inventar y construir  su identidad. 

Finalmente, el cuento tiene una conclusión ambigua, pero que a mi parecer se adecua  perfectamente a la historia. La isla no se muestra de manera explícita y, en su lugar, el barco  es nombrado “La Isla Desconocida”. Con esta ausencia Saramago expresa algo conclusivo en sí: la búsqueda de la isla (identidad) nunca concluye del todo, jamás se llega a un punto en donde la identidad se declare como definitiva pues, mientras estemos vivos, se encuentra  en constante adaptación a lo que se encuentra en el viaje. La identidad nunca deja de construirse y, mientras esto persista, la isla desconocida sigue existiendo como posibilidad  permanentemente cambiante, aunque no sea tangible.  

Así, en este cuento José Saramago refleja una idea que me parece poderosa: la libertad y la  identidad no son ajenas, sino que se alimentan mutuamente. Mediante su escritura hábil, Saramago lleva la reflexión más allá de un relato de aventura y la introduce en la estructura  misma de la obra, lo cual me parece francamente admirable. Además, la evolución en el  análisis del relato y el cómo te lleva de la mano a comprender los conceptos que se encuentran  implicados en el trasfondo es bastante enriquecedor. Durante mi investigación para este  ensayo, encontré un fragmento que en mi opinión logra sintetizar de manera bastante  apropiada el desarrollo del cuento: 

“…la embarcación conseguida se transforma en un bello juego simbólico que, en una  doble cadencia de ocultar y revelar, muestra, finalmente, que hombre, barco e isla son  un solo ser.” (Betancort, 2012).

Referencias 

Betancort, S. (2012). José Saramago y la insularidad. Una lectura de «El cuento de la isla  desconocida». Guaraguao, 16(39), 9-24. https://www-jstor org.pbidi.unam.mx:2443/stable/23266385?seq=3 

Saramago, J. (1999). La isla desconocida. Alfaguara.